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domingo, 21 de noviembre de 2010

El "gran" Alejandro Magno

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Hace más de 2000 años, un único hombre consiguió que el mundo entero temblase con el simple hecho de escuchar su nombre. La valentía de este joven caudillo doblegó a la inmensa mayoría de las civilizaciones de la época, y las naciones caían al paso de sus ejércitos. El primogénito de Filipo II de Macedonia, tras el asesinato de su padre, decidiese extender el legado que éste dejaba. Terminó de unificar a los pueblos de Grecia, y marchó con sus tropas hacia los dominios del Imperio Persa. Solamente una muerte prematura pudo poner fin a las ambiciones de un héroe que, desde entonces y para siempre, sería conocido como Alejandro Magno.



Alejandro nació en Pela, capital de la antigua comarca macedónica de Pelagonia, en octubre del 356 a.C. Ese año proporcionó numerosas felicidades a la ambiciosa comunidad macedonia: uno de sus más reputados generales, Parmenión, venció a los ilirios; uno de sus jinetes resultó vencedor en los Juegos celebrados en Olimpia; y Filipo tuvo a su hijo Alejandro, que en su imponente trayectoria guerrera jamás conocería la derrota.

Quiere la leyenda que, el mismo día en que nació Alejandro, un extravagante pirómano incendiase una de las Siete Maravillas del Mundo, el templo de ,"Artemisa en Éfeso, aprovechando la ausencia de la diosa, que había acudido a tutelar el nacimiento del príncipe. Cuando fue detenido, confesó que lo había hecho para que su nombre pasara a la historia. Las autoridades lo ejecutaron, ordenaron que desapareciese hasta el más recóndito testimonio de su paso por el mundo y prohibieron que nadie pronunciase jamás su nombre.



Nacido para conquistar


Predestinado por dioses y oráculos a gobernar a la vez dos imperios, la confirmación de ese destino excepcional parece hoy más atribuible a su propia y peculiar realidad. Nieto e hijo de reyes en una época en que la aristocracia estaba integrada por guerreros y conquistadores, fue preparado para ello desde que vio la luz.
En el momento de nacer, su padre, Filipo II, general del ejército y flamante rey de Macedonia, a cuyo trono había accedido meses antes, se encontraba lejos de Pela, en la península Calcídica, celebrando con sus soldados la rendición de la colonia griega de Potidea. Al recibir la noticia, lleno de júbilo, envió en seguida a Atenas una carta dirigida a Aristóteles, en la que le participaba el hecho y agradecía a los dioses que su hijo hubiera nacido en su época (la del filósofo), y le transmitía la esperanza de que un día llegase a ser discípulo suyo. La reina Olimpias de Macedonia, su madre, era la hija de Neoptolomeo, rey de Molosia, y, como su padre, decidida y violenta. Vigiló de cerca la educación de sus hijos (pronto nacería Cleopatra, hermana de Alejandro) e imbuyó en ellos su propia ambición.
Cuando, al cumplir los doce años, el rey, alejado hasta entonces de su lado debido a sus constantes campañas militares, decidió dedicarse personalmente a su educación, se maravilló de encontrarse frente a un niño inteligente y valeroso, lleno de criterio, extraordinariamente dotado e interesado por cuanto ocurría a su alrededor. Era el momento justo de encargarle a Aristóteles la educación de su hijo.

Estudió gramática, geometría, filosofía y, en especial, ética y política, aunque en este sentido el futuro rey no seguiría las concepciones de su preceptor. Con los años, confesaría que Aristóteles le enseñó a «vivir dignamente»; siempre sintió por el pensador ateniense una sincera gratitud.

Aristóteles y Alejandro

Aristóteles le enseñó a además amar los poemas homéricos, en particular la Ilíada, que con el tiempo se convertiría en una verdadera obsesión del Alejandro adulto.

El nuevo Aquiles fue en cierta ocasión interrogado por su maestro respecto a sus planes para con él cuando hubiera alcanzado el poder. El prudente Alejandro contestó que llegado el momento le daría respuesta, porque el hombre nunca puede estar seguro del futuro.






Según narra Plutarco, tuvo lugar una anécdota: que anticipa su deslumbrante porvenir. Filipo quería comprar un caballo salvaje de hermosa estampa, pero ninguno de sus aguerridos jinetes era capaz de domarlo, de modo que había decidido renunciar a ello. Alejandro, encaprichado con el animal, quiso tener su oportunidad de montarlo, aunque su padre no creía que un muchacho triunfara donde los más veteranos habían fracasado. Ante el asombro de todos, el futuro conquistador de Persia subió a lomos del que sería su amigo inseparable durante muchos años, Bucéfalo, y galopó sobre él con inopinada facilidad.

La doma de Bucéfalo

Me encanto esta anécdota, era un hombre que destacaba, y tenia grandes dotes. Sí señor era  extraordinario, el más grande..., y poesia un gran valor.


Después de sus numerosos viajes, guerras y demás...

Trás la muerte de su padre, ajeno a lo que ocurrio... A sus veinte años se hacía con el reino de Macedonia: casi un designio divino para comenzar por fin la vida de gloria a la que se sentía destinado.



Más tarde, trabajaría en la preparación de la guerra contra el Imperio persa, guerra comenzada por su padre (para quien había sido el sueño de toda su vida), y que se vio interrumpida tras su muerte. Por el momento...

La conquista del Imperio persa
Mientras preparaba su partida hacia Persia le comunicaron que la estatua de Orfeo, el tañedor de lira, sudaba, y Alejandro consultó a un adivino para averiguar el sentido de esta premonición. El augur le pronosticó un gran éxito en su empresa, porque la divinidad manifestaba con este signo que para los poetas del futuro resultaría arduo cantar sus hazañas. Después de encomendar a su general Antípatro que conservara Grecia en paz, en la primavera del año 334 a.C. cruzó el Helesponto con treinta y siete mil hombres dispuestos a vengar las ofensas infligidas por los persas a su patria en el pasado. No regresaría jamás. Alejandro ocupó Tesalia y declaró a las autoridades locales que el pueblo tesalo quedaría para siempre libre de impuestos. Juró también que, como Aquiles, acompañaría a sus soldados a tantas batallas como fueran necesarias para engrandecer y glorificar a la nación.
Cuando llegaron a Corinto, Alejandro sintió deseos de conocer a Diógenes, el gran filósofo, famoso por su proverbial desprecio por la riqueza y las convenciones, quien, aunque rondaba los ochenta años, conservaba sus facultades intelectuales. Sentado bajo un cobertizo, calentándose al sol, Diógenes miró al rey con total indiferencia. Según Plutarco, cuando el monarca le dijo: «Soy Alejandro, el rey», Diógenes le contestó: «Y yo soy Diógenes, el Cínico». «¿Puedo hacer algo por ti?», le preguntó Alejandro, y el filósofo respondió: «Sí, puedes hacerme la merced de marcharte, porque con tu sombra me estás quitando el sol». Más tarde el rey diría a sus amigos: «Si no fuese Alejandro, quisiera ser Diógenes».


Alejandro y Diógenes


Tiempo después, otra anécdota singular ofrece un nuevo diálogo legendario, pero esta vez con Diónides, pirata famoso entre los carios, los tirrenos y los griegos, quien, capturado y conducido a su presencia, no se arredró ante la amonestación del rey cuando éste le dijo: «¿Con qué derecho saqueas los mares?» Diónides le respondió: «Con el mismo con que tú saqueas la tierra»; «Pero yo soy un rey y tú sólo eres un pirata». «Los dos tenemos el mismo oficio -contestó Diónides-. Si los dioses hubiesen hecho de mí un rey y de ti un pirata, yo sería quizá mejor soberano que tú, mientras que tú no serías jamás un pirata hábil y sin prejuicios como lo soy yo.» Dicen que Alejandro, por toda respuesta, lo perdonó.


Bueno espero seguir contando más cosas, con un pelin más de tiempo jejeje! quiza en otra entrada. Hay tanto que hablar sobre él...

Espero que os haya gustado!



Alejandro es todo un mito. Él es inmortal.

 

14 comentarios:

Cornelivs dijo...

Extraordinaria reseña de un hombre extraordinario.

Un abrazo.

Mundo Animal. dijo...

ALEJANDRO MAGNO, UNO DE MIS HEROES FAVORITOS DE LA HISTORIA. TE DEJO UN ABRAZOOOO
CHRISSSSSSSSS

Velvetina dijo...

“El amor depara dos máximas adversidades de opuesto signo: amar a quien no nos ama y ser amados por quien no podemos amar”… Es una frase de Alejandro Magno que me gusta, sin más.

Un abrazo

Velvetina

MariluzGH dijo...

Hola Carlos, primero de todo agradecerte tu visita y cariñosas palabras en mi blog :)

Soy una apasionada de la Historia y has creado un completísimo panegírico al gran Alejandro Magno, felicidades.

Te visitaré a menudo :)

dos abrazos y un beso

ion-laos dijo...

Estupenda entrada! Me has hecho recordar cosas y otras las he aprendido.

Besazossss!

Carlos Alberto dijo...

Gracias a tod@s! un beso para cada uno y feliz semana.

Gladys dijo...

Hola Carlitos A.que buena historia
muy interesante y muy completa, entregas mucho conosimiento en tus escritos,esta es la segunda ves que entro a tu blog para terminar de leerte amigo pero me gusto mucho.
Mil gracias por visitarme llegastes justo al encuentro jejeje
me encanto tu visita espero no olvides el camino, te esperaré siempre.
Un gran abrazo y besos de luz para que ilumine tu camino y no me olvides, que tengas una linda semana.

La Gata Coqueta dijo...

Soy una apasionada de la vida de Alejandro Magno y en cuanto sale alguna película procuro no perderla.
Con su coraje y valentía en todos los ámbitos a sido y lo seguirá siendo inmortal y seguirán corriendo los ríos de tinta en su memoria y vida por lo extensa que a sido a pesar de fallecer en casi plena juventud.

Es una entrada muy amplia y positiva a la vez que pedagógica.

Un abrazo y gracias por tus palabras en el comentario, que siempre llevan a su lado ese hado de ti mismo.

Feliz fin de semana amigo!!

María del Carmen

Carlos Alberto dijo...

Que paseis un buen fin de semana!


Aqui cito: lo tres últimos deseos de Alejandro Magno, "El Grande".


Encontrándose al borde de la muerte, Alejandro convocó a sus generales y les comunicó sus tres últimos deseos:

* Que su ataúd fuese llevado en hombros y transportado por los propios médicos de la época.
* Que los tesoros que había conquistado (plata, oro, piedras preciosas... ), fueran esparcidos por el camino hasta su tumba, y...
* Que sus manos quedaran balanceándose en el aire, fuera del ataúd, y a la vista de todos.



(Alejandro contestó al general:

* Quiero que los más eminentes médicos carguen mi ataúd para así mostrar que ellos no tienen, ante la muerte, el poder de curar.
* Quiero que el suelo sea cubierto por mis tesoros para que todos puedan ver que los bienes materiales aquí conquistados, aquí permanecen.
* Quiero que mis manos se balanceen al viento, para que las personas puedan ver que vinimos con las manos vacías, y con las manos vacías partimos.


Me parecio interesante! cierto sea o no me gustaron, emotivas palabras...



Un saludo a tod@s!

La sonrisa de Hiperión dijo...

Encatador de verdad... un placer haberme pasado por tu casa. Feliz domingo.

Saludos y un abrazo.

Gladys dijo...

Hola amigo Carlos, paso a saludarte y a invitarte pases por mi blog de premios deje regalos para mis amigos espero te gusten.
Besos que tengas una linda semana.

Sentimientos! dijo...

Hola Carlos
me encanto leerte en esta noche.
Me fascina la historia.
Gracias por permitirme conocer este hermoso lugar :)
Nos seguimos visitando.

besitos

Carlos Alberto dijo...

Gracias! por la visita- sentimientos, un beso muy fuerte. Aqui estare. Me encanta mucho la historia... Y de este gran personaje; como me iva a olvidar"

saludoss

CARLOS.A

sheina leoni dijo...

Hola , M ellamo Sheina y adoro a Alejandro Magno .M e encantaría compartir con Ustedes frases, literaratura, anecdótas y demás.
Quedo a la espera. Puedne encontrame en facebook también con mi nombre y apellido .Sheina.Leoni